Ella lo mira desde arriba, su expresión de superioridad es innegable. Sabe que cada palabra de humillación lo hunde más en su sumisión, y eso la llena de una satisfacción casi perversa. Él, por otro lado, lucha con la vergüenza, pero su deseo de complacerla lo consume completamente. Cada orden cumplida es un paso más hacia ese abismo de poder y humillación del que no puede, ni quiere, escapar.