Ella saborea cada momento de dominación, la adrenalina corre por sus venas mientras ve la sumisión en sus ojos. En la mente de él, la mezcla de vergüenza y placer lo consume, sin poder evitar desear más humillación. La fuerza de sus órdenes y el tono de su voz lo llevan a un estado de completa entrega. La próxima vez será aún más intenso, y ambos lo saben.